Yo hice la mili en Ceuta, la corta, la de nueve meses, aunque a mi pareció eterna. Matabas el tiempo charlando y leyendo. Por entonces, y aprovechando la conmemoración del Quinto Centenario, Cambio 16, sacó una colección de libros relacionados con el tema. Regalar libros no era tan común como lo fue luego y en Cambio 16 se esforzaron en crear una colección de títulos relevantes, los materiales y la impresión eran decentes y además pusieron el acento en las ilustraciones de portada que se las encargaron a Eduardo Arroyo. Este detalle bastó para engancharme.
Arroyo retrata a Bartolomé de las Casas, a Colón, a Cabeza de Vaca y a Hernán Cortés, modernizando unos personajes que son auténticos hitos de la condición humana; aventureros excepcionales que dejaron atrás su mundo para vivir, luchar y morir por otro que era completamente diferente al suyo.
Dicen que cada libro tiene su momento y las historias de Cabeza de Vaca, Colón y Bartolomé de las Casas no pudieron haber llegado en mejor momento que aquel en el que, lo que yo creía que era una gran aventura, no era más que una pesadilla. Ese tiempo de mi vida al que había renunciado se hacía demasiado largo. Parte de mi ocupación era de una rutina aplomadota cuando no tenía un tufillo a colonialismo trasnochado. Todo se iba desdibujando según pasaban los días. La rutina, los compañeros, el istmo, los mandos, la mar por todos lados… Recuerdo que al finalizar el servicio los dibujos de mi uniforme se habían difuminado para acabar convirtiéndose en una mancha homogénea que reflejaba muy bien el tiempo pasado en Ceuta.


